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elecciones-2026

Fajardo apuesta por lo técnico: Un matemático elige una académica para intentar pasar de primera ronda

Por El Estadista — 14 de marzo de 2026 — 5 min de lectura

El candidato presidencial Sergio Fajardo presentó a Edna Bonilla, exsecretaria de Educación de Bogotá y destacada funcionaria de la administración de Claudia López, como su fórmula vicepresidencial en las inmediaciones de la Universidad Nacional, en un escenario simbólico para insistir en la educación como eje central de su campaña. El Tiempo La dupla encarna una apuesta deliberada por la competencia técnica y la despolarización en una contienda que, según Fajardo, amenaza con arrastrar a Colombia hacia extremos irreconciliables.

A diferencia de Valencia, que negoció una fórmula que reconciliara diferencias estratégicas, y de Cepeda, que reafirmó una narrativa identitaria heredada de Petro, Fajardo ha optado por la coherencia ideológica más pura: dos académicos, dos tecnócratas, dos docentes universitarios en busca de un país que se «eduque» para salir del conflicto político. Edna Cristina Bonilla Sebá, nacida en Bogotá el 22 de agosto de 1970, es contadora pública de la Universidad Nacional con especialización en Gerencia de Impuestos y doctorado en Estudios Políticos. Lleva más de 25 años como profesora en instituciones nacionales e internacionales, incluida Sciences Po en Francia. Colombia.com

Su gestión como secretaria de Educación, aunque circunscrita a cuatro años de mandato municipal, dejó un rastro legible. El programa «Jóvenes a la U», que ella lideró, fue reconocido como el mejor programa de becas universitarias del continente, permitiendo que 40.000 jóvenes accedieran gratuitamente a estudios técnicos, tecnológicos o profesionales en 51 instituciones de educación superior aliadas en Bogotá. El Tiempo Es un logro administrativo concreto — precisamente lo que un candidato que se presenta a sí mismo como alternativa al «insulto» y la «agresión» necesita para argumentar su propuesta.

Sin embargo, el hecho de que Bonilla sea relativamente desconocida fuera de círculos académicos y de gestión pública bogotana plantea una pregunta política incómoda: ¿Tiene visibilidad nacional suficiente para que una eventual administración Fajardo-Bonilla sea percibida como legítima más allá de las élites educadas? En comparación, otros nombres que sonaban para el cargo, como el general (retirado) Óscar Naranjo, exdirector de la Policía Nacional, habrían aportado una credibilidad de seguridad que algunos estrategas consideraban necesaria. El Tiempo Fajardo rechazó esa opción.

La presentación pública de Fajardo fue casi paternalista en su defensa de Bonilla, lo que levanta preguntas tácitas. Fajardo enfatizó: «¿Quién es Edna Bonilla? Déjenla que hable y que brille. Ustedes van a ver lo que es esta mujer. No es mi sombra, no está detrás de mí, no vino a hacerme un favor. Estamos al lado.» Semana La repetida insistencia en que ella no es «sombra» sugerirá a algunos observadores que hay preocupación interna por exactamente ese riesgo.

Lo que diferencia a Fajardo de sus competidores es más profundo que la elección de un running mate. Según encuestas recientes, la candidatura del exgobernador — su tercera campaña a la Casa de Nariño — ha perdido terreno como posible tercería contra los dos candidatos que dominan las mediciones, Iván Cepeda e Idelardo de la Espriella. Tanto Paloma Valencia, ganadora de la Gran Consulta, como Claudia López, ganadora de la Consulta de las Soluciones, lo han comenzado a adelantar en las encuestas. El Tiempo En ese contexto, elegir a una académica de bajo perfil sobre un militar conocido sugiere que Fajardo ha renunciado a competir por el voto de seguridad y ha decidido doblarse hacia su núcleo duro: votantes urbanos, educados, pro-reforma, que le ven como antídoto contra Petro y contra Valencia.

Eso también revela una vulnerabilidad estratégica. Fajardo ha dicho públicamente que está «dispuesto a tocar todas las puertas» y «construir los acuerdos que Colombia necesita». El Colombiano Pero una pareja de dos académicos sin credibilidad en seguridad, sin experiencia en negociación con actores armados, sin visibilidad nacional en temas económicos más allá de educación, hace más difícil vender esa promesa de puentes.

El simbolismo del lugar de presentación — la Universidad Nacional, templo del pensamiento de izquierda progresista — tampoco fue accidental. Fajardo busca robar votantes de centroizquierda que podrían estar dudosos sobre Cepeda. Bonilla, con su credibilidad en políticas sociales y su trayectoria académica, es el instrumento para ello. La elección de Bonilla refuerza uno de los temas centrales de la campaña de Fajardo, la educación, con la que ha construido gran parte de su narrativa política alrededor de este tema desde su administración departamental con el lema «Antioquia la más educada». Infobae

Cuando Fajardo y Bonilla inscribieron oficialmente su candidatura ante la Registraduría, Fajardo enfatizó: «Aquí firmamos los sueños de muchos, muchos millones de colombianos y colombianas. Este es nuestro compromiso de cambiar a Colombia con un cambio serio, seguro». El Tiempo El mensaje es claro: frente al caos y la polarización que Fajardo diagnostica como endémica en la política colombiana, ofrece orden, competencia, método. Una pareja académica que gobernaría como si dirigiera un seminario: con datos, con respeto, sin insultos.

Pero el cálculo electoral es cruel. En una contienda tripartita donde Cepeda domina la izquierda y Valencia el centro derecha, ¿a quién le arrebata Fajardo votos con esta dupla? ¿Al votante educado de Bogotá que ya conoce a Bonilla y su trabajo? ¿O confía en que los colombianos en mayo estarán tan hartos del conflicto que elegirán la austeridad intelectual sobre la certeza política? Es una apuesta que refleja la tercera candidatura de un hombre que siempre ha creído que la razón y el método pueden vencer la pasión política. Los resultados del 31 de mayo dirán si esa fe era matemáticamente posible.

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