Tres millones de razones
La victoria de Paloma Valencia y el nuevo mapa del poder en Colombia
Por: María Cristina Olaya
El 8 de marzo de 2026, mientras Colombia elegía nuevos congresistas, ocurrió algo que el establecimiento político no termina de procesar: la senadora Paloma Valencia obtuvo más de 3,2 millones de votos en la Gran Consulta por Colombia, equivalentes al 45,7% del total. No fue una victoria. Fue una declaración.
Los números, en política, no mienten cuando son tan contundentes. La Gran Consulta por Colombia fue la más votada en la historia de las consultas electorales en el país, y dentro de ese récord, Valencia no solo ganó: aplastó. La diferencia frente a sus competidores fue amplia — el segundo lugar lo ocupó Juan Daniel Oviedo con 1,25 millones de votos, una brecha que en términos electorales equivale a un abismo. Figuras con décadas de trayectoria — Galán, Pinzón, Peñalosa — quedaron sepultadas bajo el alud de sufragios que recibió la senadora caucana.
Hay que decirlo sin ambages: este resultado reordena el tablero político de cara al 31 de mayo.
Lo más revelador de la victoria de Valencia no es su magnitud, sino su origen. Un análisis indica que sus votos vienen de lugares distintos al uribismo, lo que le da juego para seguir sumando de cara a la primera vuelta. De hecho, solo la mitad de los que votaron por el Centro Democrático votaron por ella en la consulta. Eso significa que Paloma no es solo la candidata del partido de Uribe: es una candidata que ha comenzado a construir un electorado propio, más amplio, que trasciende la militancia histórica del uribismo.
La candidata del Centro Democrático superó incluso la votación de su propio partido al Senado. Eso, en la historia de Colombia, no ocurre todos los días. Normalmente los candidatos presidenciales van a remolque de sus listas; Valencia llegó antes que ellas. Es una señal de que algo genuino está ocurriendo con su candidatura, más allá del maquinismo y de la figura tutelar del expresidente Uribe.
Colombia ha tenido aspirantes presidenciales femeninas antes. Ninguna ha llegado con este respaldo. Valencia es la primera mujer en ser candidata presidencial del Centro Democrático, y lo hace con un caudal de votos que supera el que obtuvo Iván Cepeda, el candidato de la izquierda, en su propia consulta del año pasado.
En su discurso de victoria, lo dijo con claridad: «Colombia no cae; en Colombia hoy se enciende una nueva esperanza, la esperanza de elegir su primera mujer presidente.» Más allá de la retórica del momento, la frase encierra una apuesta política deliberada: instalar la narrativa de lo histórico, de lo inédito, como parte del mensaje de campaña. Es una estrategia inteligente en un país donde el hartazgo con lo conocido es profundo.
Sería irresponsable, sin embargo, leer este resultado como un boleto garantizado a la Casa de Nariño. El desafío al frente aún es grande, pero Valencia viene de menos a más en las encuestas y el resultado del 8 de marzo le da un impulso sin igual.
Está pendiente la negociación con el electorado del centro que votó por Oviedo — más de un millón de colombianos que claramente no son uribistas puros pero tampoco se identifican con la izquierda del gobierno Petro. Tiene la posibilidad — también el reto — de capitalizar los votos del centro logrados por Juan Daniel Oviedo, la sorpresa de la jornada electoral. Esa franja centrista es la que, históricamente, define las segundas vueltas en Colombia. Conquistarla requiere moderación de tono, amplitud de propuesta y capacidad de escucha que van más allá del fervor del 8 de marzo.
Además, no está sola en la cancha de la oposición. Abelardo de la Espriella, que no participó en la consulta, sigue en la carrera con un perfil de outsider que atrae a quienes desconfían tanto del petrismo como del uribismo. La primera vuelta del 31 de mayo será un escenario fragmentado y lleno de incertidumbre.
Con todo, hay algo que ya no admite discusión: con tan abrumadora votación, Paloma Valencia superó la obtenida por Cepeda en su consulta — 1,69 millones de votos de diferencia a su favor — y es por consiguiente la opción electoral más viable para enfrentar al candidato del petrismo.
La Colombia que votó el domingo le dijo a Paloma Valencia que la ve. Que confía, al menos por ahora, en que ella puede representar una alternativa creíble al continuismo del Pacto Histórico. Tres millones de razones no son un cheque en blanco, pero sí son un mandato: el de construir una candidatura que esté a la altura de ese respaldo.
La campaña apenas comienza. Y con ella, la prueba más difícil para una política que ha demostrado que puede ganar una consulta. Ahora tiene que demostrar que puede ganar un país.
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