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Centro derecha colombiano se une tras dupla improbable: Paloma Valencia abraza a Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial

Por El Estadista — 15 de marzo de 2026 — 6 min de lectura

Tras un cortejo político de alto riesgo que se extendió durante tres días, Paloma Valencia, la ganadora abrumadora de la consulta interpartidista del centro derecha el domingo pasado, confirmó que Juan Daniel Oviedo, un economista que llegó segundo con un sorpresivo flujo de más de un millón de votos, sería su compañera de fórmula en las elecciones presidenciales del 31 de mayo. Infobae El anuncio, difundido en un video de veinte segundos que muestra a Valencia recibiendo a Oviedo en su casa con las palabras «Bienvenido, señor vicepresidente», señala una apuesta deliberada por proyectar unidad ideológica en una coalición conservadora fracturada.

Valencia ganó su consulta, conocida como la Gran Consulta por Colombia, con más de 3,2 millones de votos, equivalentes al 55 por ciento de la votación del centro derecha, mientras que Oviedo capturó más de 1,2 millones de votos para emerger como la sorpresa definidora de la jornada electoral. Infobae Esa fortaleza inesperada reconfiguró de la noche a la mañana los cálculos de la coalición. Sin embargo, la dupla conlleva un riesgo político considerable: Valencia y Oviedo han chocado públicamente sobre algunos de los temas más divisivos de la Colombia contemporánea.

La fricción más potente se centra en el proceso de paz con las extintas FARC. Durante las negociaciones, Oviedo enfatizó su apoyo al Acuerdo de Paz y a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), posiciones que causaron «la cicatriz más importante» al Centro Democrático, el partido de Valencia. El Tiempo Oviedo había planteado además la pregunta sobre el reconocimiento de un genocidio contra palestinos en negociaciones de Oriente Medio — una postura interpretada como incompatible con el posicionamiento ideológico de Valencia. El Tiempo

Sin embargo, en menos de 48 horas, el aparente impasse se disolvió en aceptación. Oviedo, hablando tras recibir la oferta formal, describió la alianza como evidencia de que «podemos sumar entre distintos, con las verdades y diferencias que tenemos», mientras subrayaba que la coalición no se trataba de adoptar principios idénticos sino de «escuchar y unidad pese a las diferencias». Infobae Cuando se le preguntó sobre sus condiciones previas, Oviedo reformuló el planteamiento: lo que había parecido ser «líneas rojas» inamovibles el martes eran meramente «preguntas», dijo, que habían sido «resueltas adecuadamente» en la reunión privada del miércoles. El Tiempo

Los observadores políticos leyeron el retroceso táctico de manera diferente. Valencia insistió, incluso mientras confirmaba la selección de Oviedo, que no había modificado sus principios fundamentales para alcanzar acuerdo. El Tiempo La implicación: Oviedo había sido quien cedió terreno. Sin embargo, ambos candidatos enmarcaron el resultado como un modelo para el electorado polarizado de Colombia.

«Estamos en los mejores términos», dijo Oviedo a los periodistas tras la reunión que permitió el avance, una frase que enmascaraba el terreno sustancial que cada lado había entregado. Refleja un cálculo político clásico colombiano: las exhibiciones públicas de pureza ideológica ocultan pragmatismo privado cuando la supervivencia electoral lo exige.

Valencia, en una alocución pública posterior, elogió a Oviedo como «uno de esos técnicos que sabe todo, que le gustan las cifras, que le gusta estudiar, que le gusta conocer los problemas» — lenguaje diseñado para posicionarlo como contrapeso a las acusaciones de que su Centro Democrático representa un conservatismo intransigente. El Tiempo También resaltó que ninguno de los dos candidatos había sido enredado en escándalos de corrupción, enfatizando «las manos limpias» como un activo de campaña. El Tiempo

La dupla revela una ansiedad más profunda dentro de la derecha colombiana. Los nueve partidos y movimientos que integran la coalición ven el atractivo de Oviedo entre votantes del centro como un mecanismo para posicionarse como una «tercería» — una fuerza política capaz de confrontar lo que enmarcan como extremos ideológicos de ambos lados. Semana Su fortaleza en Bogotá, Cundinamarca y Antioquia, tres de las regiones más competitivas de Colombia, hizo que su rechazo fuera un pasivo político que Valencia no podía permitirse. Semana

La decisión de Oviedo de aceptar — y de rechazar una carrera separada por la alcaldía de Bogotá pese a recibir más de 500.000 votos allí — señala su propio cálculo de que el cargo nacional, incluso en rol subordinado, supera el poder local. Justificó la elección como un asunto de «responsabilidad nacional», diciendo que sus resultados del 8 de marzo le impusieron un deber que trasciende las aspiraciones locales. El Tiempo

La estrategia conlleva una lógica peculiar. Al absorber a Oviedo, Valencia intenta abordar uno de los patrones electorales más persistentes de Colombia: la tendencia de votantes centristas e independientes a desplazarse entre elecciones, buscando refugios de la guerra partidaria. La reputación tecnocrática de Oviedo y su retórica mesurada — habla de la necesidad de «escuchar» en una cultura política que diagnostica como de «imposición» — apela a votantes fatigados del combate ideológico.

Sin embargo, la acomodación también expone grietas potenciales. Valencia inicialmente aconsejó a Oviedo contra aceptar la vicepresidencia, citando «el desgaste» que históricamente ha sufrido la posición en la gobernanza colombiana. El Colombiano Esa cautela insinúa dudas más profundas sobre si alguno de los dos puede genuinamente contener las fuerzas centrífugas de la coalición.

La contienda presidencial en sí permanece volátil. Sergio Fajardo, representando otra candidatura de orientación centrista, ha nombrado su propio compañero de fórmula, fragmentando aún más el centro derecha. Semana Mientras tanto, los candidatos de izquierda y populistas cuentan con considerables ventajas en las encuestas. Para Valencia y Oviedo, el 31 de mayo revelará si su «unidad en la diferencia» resuena más allá de la élite política de Bogotá — o si los votantes colombianos, una vez más, castigan tales matrimonios de conveniencia en las urnas.

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