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La fórmula del desacuerdo: Valencia y Oviedo apuestan por gobernar desde la diferencia

Por El Estadista — 16 de marzo de 2026 — 6 min de lectura

En una entrevista que se volvió viral, la candidata presidencial y su fórmula vicepresidencial chocaron abiertamente en temas como adopción igualitaria, justicia transicional y drogas. Lejos de ocultarlo, lo convirtieron en su argumento más potente.

Pocas veces en la política colombiana una dupla presidencial ha salido a defender sus contradicciones como si fueran su mayor activo. Eso fue, en esencia, lo que ocurrió el pasado 15 de marzo cuando Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo se sentaron ante las cámaras de la revista Cambio para una entrevista que mezcló desacuerdos francos, coincidencias inesperadas y, según los propios protagonistas, una apuesta inédita por la honestidad política.

La conversación, conducida por Federico Gómez Lara, abarcó temas tan diversos como la JEP, la Paz Total, las reformas que necesita el país, la legalización de la droga y la adopción de niños por parte de parejas gay. Lo que la hizo distinta no fue el temario, sino el tono: ninguno de los dos candidatos fingió estar de acuerdo con el otro.


El momento que encendió la conversación

El punto de mayor tensión llegó cuando el tema de la adopción homoparental salió a la mesa. Valencia fue directa: «Yo no estoy de acuerdo con la adopción gay. Me cuesta, pero lo digo claramente. No estoy de acuerdo porque creo que ahí prevalece el niño».

La senadora del Centro Democrático no se limitó a enunciar su postura. Fue más lejos al señalar que su eventual gobierno se enfocaría en crear condiciones propicias para que las madres no abandonen a sus hijos, lo que, de manera implícita, reduciría las posibilidades de que los menores lleguen a familias homoparentales. «Está mejor no estando abandonado», respondió cuando se le preguntó si un niño estaría mejor con el Estado o con otra familia.

Su argumento, sin embargo, no fue el de la familia tradicional como único modelo válido. «No de la familia tradicional. Lo que digo es que a mí no me gusta que el Estado se meta con tus niños, que les enseñe política ni ningún tipo de ideología. Esos asuntos son de tu patria potestad», aclaró Valencia.

Sentado a su lado, Oviedo no guardó silencio. «Yo estoy opuesto a esto», dijo sin rodeos, y luego añadió: «Estar juntos en esta diferencia no implica que yo haya renunciado a mis principios de defender la adopción de parejas del mismo sexo como un derecho en la sociedad colombiana».

«Es un arroz con mango, como lo es Colombia. Si uno quiere gobernar un país como este, tiene que aprender a comer arroz con mango».

Un mapa de desacuerdos

La adopción no fue el único campo de batalla. Las diferencias entre ambos también se reflejaron en educación, ideología de género, justicia transicional y legalización de drogas. Valencia se mantuvo en una postura prohibicionista frente al cannabis y criticó la influencia del Estado en la formación de los menores, mientras Oviedo abogó por políticas de prevención y la protección de derechos existentes, defendiendo avances en justicia restaurativa.

Oviedo fue aún más lejos en el terreno de los límites: advirtió que sentiría una «puñalada» si desde la misma campaña se promovieran iniciativas para limitar la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Una advertencia que, dicha en público y en compañía de su candidata presidencial, subrayó hasta dónde llega su tolerancia a la diferencia.

La apuesta: el desacuerdo como propuesta política

Y sin embargo, ahí estaban los dos, sentados juntos, defendiendo la coalición. «Es la primera vez que una dupla presidencial y vicepresidencial está siendo honesta y abierta sobre sus diferencias«, afirmaron.

La lectura que hacen de su propia fórmula es, en sí misma, un argumento electoral. Cuando se les preguntó por quienes tildan su alianza de «arroz con mango», Valencia respondió: «Es un arroz con mango, como lo es Colombia. Si uno quiere gobernar un país como este, tiene que aprender a comer arroz con mango».

Oviedo secundó la idea: «En la política debe existir el ejemplo de que es posible sumar entre distintos». No como retórica de campaña, sino como modelo de gobernanza: la idea de que una coalición capaz de sostener tensiones internas puede estar mejor preparada para gestionar las tensiones de un país.


Las críticas no se hicieron esperar

La entrevista no fue recibida con unanimidad. La senadora Sandra Ramírez, del partido Comunes, publicó en redes: «Paloma Valencia dice que no está de acuerdo con la adopción gay, y no está mal, debemos respetar a quien piensa diferente. Lo grave del asunto es que lo dijo en frente de Juan Daniel Oviedo, su fórmula vicepresidencial, un hombre diverso». Y añadió que el discurso de gobernar desde las diferencias «ya suena muy extraño entre ellos dos».

Desde la comunidad LGBTIQ+, las reacciones también fueron duras. Activistas señalaron que la postura de Valencia contradice la jurisprudencia vigente: la adopción homoparental es legal en Colombia desde 2015, reconocida por la Corte Constitucional mediante la Sentencia C-683, bajo el principio del interés superior del menor y el de igualdad.


Una apuesta sin garantías

Lo que Valencia y Oviedo pusieron sobre la mesa no es una plataforma ideológica coherente en el sentido tradicional. Es, más bien, una apuesta por la coalición como método: la idea de que Colombia, un país fragmentado entre visiones de mundo profundamente distintas, podría ser gobernada no por quien logre imponer una sola lectura, sino por quien aprenda a administrar el desacuerdo.

Si esa apuesta es viable, o si las grietas que la entrevista dejó al descubierto terminarán por amplificarse en campaña, es una pregunta que las próximas semanas comenzarán a responder. Las elecciones presidenciales están previstas para el 31 de mayo.

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